
Los resultados de PISA 2025 vuelven a situar la lectura en el centro de las preocupaciones educativas. En Chile, el desempeño lector disminuyó respecto de 2022 y se encuentra significativamente por debajo de los resultados obtenidos en 2015 y 2018.
Solo un 62 % de los estudiantes de quince años alcanzó el nivel básico de competencia lectora, frente a un promedio de 69 % en los países de la OCDE. Apenas un 2 % llegó a los niveles más altos, aquellos que permiten comprender textos extensos, trabajar con ideas abstractas y distinguir hechos de opiniones cuando las señales no son evidentes. Resultados PISA 2025 para Chile
Estas cifras hablan de una dificultad que va mucho más allá de reconocer palabras o localizar información. Leer supone sostener la atención, relacionar ideas, identificar la perspectiva de un autor, evaluar argumentos y transformar la información recibida en conocimiento propio. Cuando estas capacidades se debilitan, también disminuyen las posibilidades de aprender con autonomía, participar en una conversación pública informada y tomar decisiones responsables.
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
PISA 2025 incorpora, además, un dato que vuelve más compleja esta situación: la inteligencia artificial ya forma parte habitual del trabajo escolar. En Chile, un 51 % de los estudiantes declara utilizar chatbots de IA para aprender al menos una vez por semana, por encima del promedio de la OCDE. Un 39 % los emplea para realizar investigaciones preliminares, un 33 % para resumir textos que debía leer y otro 33 % para redactar trabajos. Solo un 6 % señala no utilizarlos nunca o casi nunca en las actividades escolares examinadas.
No podemos concluir que la inteligencia artificial sea la causa del retroceso lector. PISA no establece esa relación y el deterioro de la lectura comenzó antes de la expansión de los actuales chatbots. Pero la coincidencia de ambos procesos plantea una pregunta ineludible: ¿qué ocurre con la comprensión cuando una herramienta puede resumir el texto, localizar sus ideas principales y redactar una respuesta antes de que el estudiante haya realizado ese trabajo intelectual?
El problema no está simplemente en usar inteligencia artificial. Una calculadora tampoco elimina el aprendizaje matemático, siempre que el estudiante comprenda las operaciones que delega. El riesgo aparece cuando la herramienta entra demasiado pronto en el proceso y sustituye la lectura, la duda, la búsqueda de relaciones, la formulación de hipótesis y el esfuerzo por expresar una idea con palabras propias. En ese caso puede producirse una diferencia engañosa entre entregar una buena respuesta y haber aprendido.
Leer es también atravesar una dificultad. Muchas veces comprendemos un texto después de volver sobre un párrafo, buscar una referencia o discutir una interpretación con otra persona. Esos momentos aparentemente poco eficientes son parte del aprendizaje. Si recurrimos a la IA ante la primera dificultad, podemos obtener rápidamente una explicación, pero perdemos la oportunidad de desarrollar la paciencia, la memoria y el juicio que permiten comprender por nosotros mismos.
EL INFORME DEL MIT
Esta preocupación aparece con fuerza en el informe elaborado por el MIT sobre el uso de inteligencia artificial en la enseñanza y la formación investigativa. El documento recoge señales de menor asistencia a las horas de consulta, reducción de algunas formas de estudio colectivo y pérdida de confianza entre estudiantes y profesores. Advierte también sobre la posibilidad de una “rendición cognitiva”: recurrir al chatbot ante el primer obstáculo y confundir una respuesta convincente con un conocimiento adquirido. Informe del MIT
La respuesta del MIT resulta especialmente interesante porque no se concentra en aumentar la vigilancia. Cuestiona, además, la confiabilidad de los detectores de textos generados por IA y advierte que una política basada en la sospecha puede deteriorar la relación educativa. Pero, tampoco propone una libertad sin reglas. Recomienda que cada asignatura establezca claramente cuándo la IA debe utilizarse, cuándo puede utilizarse y cuándo es necesario trabajar sin ella.
La estrategia consiste en volver visible el proceso de aprendizaje. ¿Cómo? Combinando los trabajos escritos con conversaciones presenciales, exámenes orales, portafolios que muestren la evolución de una tarea, proyectos desarrollados durante el semestre y actividades que obliguen a explicar las decisiones adoptadas.
Al mismo tiempo, plantea que todas las asignaturas mantengan un componente social y presencial. La finalidad no es descubrir quién hizo trampa, sino crear situaciones en las que el estudiante pueda demostrar qué comprendió y cómo llegó a comprenderlo.
Aquí aparece una idea particularmente valiosa: la confianza no equivale a ausencia de exigencia. Confiar en los estudiantes significa reconocerlos como sujetos capaces de construir una voz propia y hacerlos responsables de su proceso. Supone explicar por qué ciertos aprendizajes requieren leer sin asistencia, redactar un primer borrador, recordar información, conversar con otros o defender una interpretación.
LAS BIBLIOTECAS, UNA OPORTUNIDAD
La autonomía no se fortalece dejando al estudiante solo frente a la tecnología, sino ofreciéndole oportunidades para comprobar que puede pensar y producir conocimiento por sí mismo.
La IA también puede cumplir una función positiva. Puede ayudar a formular preguntas, comparar interpretaciones, explicar un concepto difícil o entregar retroalimentación durante una práctica.
En este escenario, las bibliotecas tienen una tarea fundamental. Pueden ofrecer espacios para la lectura sostenida, la conversación y el encuentro con perspectivas diferentes. También pueden enseñar a contrastar fuentes, reconocer información inventada, reconstruir el origen de una afirmación y utilizar la IA sin abandonar la consulta de los textos originales. La alfabetización contemporánea debe incluir el manejo crítico de estas herramientas, pero no puede renunciar a las capacidades anteriores que hacen posible evaluarlas.
Los resultados de PISA no deberían conducirnos a una nostalgia por una educación sin tecnología. La inteligencia artificial ya forma parte de nuestras vidas. La cuestión es decidir qué capacidades humanas queremos preservar y desarrollar. Si aspiramos a formar lectores capaces de comprender, interpretar y transformar el conocimiento, debemos reservar espacios donde el esfuerzo intelectual no sea delegado.
La experiencia del MIT ofrece una orientación posible: menos confianza en la vigilancia automática y más confianza responsable en estudiantes y profesores; reglas claras, evaluaciones que permitan observar el proceso y una recuperación deliberada de la conversación, la lectura y el trabajo compartido.
En tiempos de inteligencia artificial, aprender a utilizar nuevas herramientas será indispensable. Pero conservar la experiencia de comprender algo por nosotros mismos puede ser todavía más importante.


