Esta mañana me he levantado con una noticia literaria: Anne Carson acaba de recibir el Premio Nobel de Literatura 2026. Confieso que su nombre me resulta conocido, pero no podría decir que conozco suficientemente su obra. Así que, antes de seguir con las noticias del día, decido hacer algo que seguramente muchos lectores estarán haciendo a esta misma hora: buscar quién es Anne Carson y tratar de entender por qué la Academia Sueca acaba de concederle el reconocimiento literario más importante del mundo.

Lo primero que encuentro es la justificación del jurado. La escritora canadiense, de 76 años, ha sido distinguida por una obra audaz e inventiva, capaz de dialogar con la tradición clásica y crear nuevas formas para la literatura contemporánea. La definición es interesante, aunque todavía bastante abstracta. ¿Qué significa exactamente eso de crear nuevas formas literarias?

Sigo buscando. El País cuenta que Carson nació en Toronto en 1950, que es poeta, ensayista, traductora y especialista en literatura griega. Pero hay un detalle que me llama particularmente la atención: publicó su primer poemario a los 42 años. Una llegada relativamente tardía a la poesía publicada para alguien que hoy es considerada una de las voces más originales de la literatura contemporánea. Antes había dedicado buena parte de su vida al estudio de las lenguas clásicas, especialmente del griego.

En The Guardian encuentro una primera pista para comprender su singularidad. Carson no parece demasiado interesada en respetar las fronteras entre los géneros literarios. Escribe poesía que puede parecer novela, ensayos que se transforman en poemas y traducciones que terminan convirtiéndose en obras nuevas. Su literatura mezcla épocas, personajes y lenguajes con una libertad poco habitual. Los antiguos griegos no aparecen en sus libros como piezas de museo, sino como personajes que todavía tienen algo que decir sobre nuestras vidas.

Una de sus obras más conocidas es Autobiografía de rojo, publicada originalmente en 1998. Se trata de una novela escrita en verso que recupera la figura mitológica de Gerión, un monstruo rojo y alado al que Heracles debía matar. Pero Carson cambia las reglas del relato: Gerión es ahora un joven sensible, enamorado y vulnerable. El héroe de la mitología termina convirtiéndose en quien le rompe el corazón. De pronto, una historia de la antigua Grecia se transforma en una narración contemporánea sobre el deseo, la identidad y el dolor amoroso.

Me detengo entonces en otro título: La belleza del marido, un libro que obtuvo el prestigioso Premio T. S. Eliot en 2001. Está compuesto como un ensayo narrativo en 29 tangos y explora las contradicciones del amor, la infidelidad y la separación. Buscando algunos de sus versos encuentro uno que parece condensar buena parte de su manera de entender la poesía:

«La belleza no descansa».

La frase es breve, pero tiene algo inquietante. La belleza deja de ser una cualidad inmóvil para transformarse en una fuerza que actúa sobre nosotros, que nos perturba y que no necesariamente nos hace felices. Es una buena invitación para acercarse a su escritura.

Continúo navegando y llego a Nox, publicado en 2010. Aquí la historia se vuelve más íntima. Carson reconstruye la memoria de su hermano Michael, fallecido después de muchos años de distancia familiar. Lo extraordinario es que el libro no tiene una forma convencional: se presenta como una caja que contiene un largo desplegable con fotografías, cartas, fragmentos, traducciones y recuerdos. Es poesía, pero también un archivo personal, un ejercicio de memoria y una reflexión sobre aquello que nunca llegamos a conocer completamente de las personas que amamos.

La agencia Associated Press destaca precisamente esa capacidad de Carson para cruzar la experiencia personal con la tradición literaria. Y descubro otro dato interesante: ha traducido a Safo, Sófocles y Eurípides. Para ella, traducir no consiste simplemente en trasladar palabras de una lengua a otra. Es también una forma de creación, una oportunidad para volver a interrogar textos que llevan siglos acompañando a la humanidad.

En la página de la Fundación Princesa de Asturias, que la distinguió en 2020, encuentro una declaración suya que me parece especialmente reveladora: «Si supiera qué es la poesía no tendría necesidad de escribir. Es algo que busco a tientas en la oscuridad».

Quizás esa frase explique mejor su literatura que muchas páginas de crítica. Carson escribe desde la incertidumbre, desde la curiosidad y desde una relación extraordinariamente libre con los libros que ha leído. No busca repetir la tradición, sino conversar con ella, discutirla y, cuando es necesario, reinventarla.

Termino esta navegación con una pequeña anécdota que recogen varios medios. Cuando la Academia Sueca consiguió comunicarse con Anne Carson para anunciarle el premio, la escritora se encontraba en Islandia, donde reside, escuchando el viento. La noticia la sorprendió.

Me gusta imaginar esa escena. Mientras las redacciones de medio mundo preparaban sus titulares y los lectores comenzábamos a buscar sus libros, la nueva Premio Nobel estaba escuchando el viento en algún lugar de Islandia.

Después de esta breve exploración todavía no puedo afirmar que conozco la obra de Anne Carson. Pero ahora tengo algunas pistas y, sobre todo, ganas de leerla. Quizás esa sea también una de las virtudes del Nobel: no solamente reconocer una trayectoria literaria, sino abrir una puerta hacia autores que todavía no forman parte de nuestras lecturas.

Esta mañana comencé buscando el nombre de una ganadora. Termino con una pequeña lista de libros por descubrir. No es un mal resultado para una mañana de jueves.