La nueva publicación del periodista y escritor chileno reúne seis historias marcadas por el humor negro y los excesos, utilizando lo grotesco, la violencia y lo incómodo como una forma de dialogar y provocar al lector.

Por Viviana Larrondo (**)

Pasiones retorcidas, sexo, violencia, drogas, sangre y personajes al borde del colapso
mental. Así se construye Extrapicante y otros relatos perversos, la segunda publicación
del periodista y escritor Claudio Ríos Espinoza, una antología compuesta por seis relatos
contundentes que exploran la oscuridad de la condición humana y que ha comenzado a
generar reacciones entre lectores y críticos por su crudeza y estilo sin concesiones.

Publicado en Buenos Aires por Editorial Caburé (2025), el libro marca el regreso literario
del autor tras la publicación de su novela Elsinore (RIL Editores, 2023), donde ya
aparecían varios de los elementos que hoy profundiza: personajes autodestructivos,
ambientes decadentes o marginales, relaciones fracturadas y una mirada incisiva hacia la
sociedad contemporánea y, sin moralizar, hacia nosotros mismos.

Con esta segunda publicación quise arriesgarme, aun cuando significara que su entrada
en los espacios literarios pudiera ser más restringida. Eso no me detuvo. Creo que cada
libro encuentra a sus lectores tarde o temprano”, comenta el autor sobre una obra que
deliberadamente evita los lugares seguros.

La antología presenta una galería de personajes incómodos: una psicóloga drogadicta
enfrentada a un paciente perturbador; un sicario obsesionado con el dolor y un particular
método para causar daño; una exsoldado recorriendo un Chile devastado por la sequía y
la muerte; un periodista frustrado seducido por una diosa del porno; un joven radical
movido por la violencia callejera y un “hater” consumido por el odio y la adicción digital.

Aunque las historias transitan por el terror, el drama y el humor, el trasfondo apunta
constantemente a algo más amplio: la precariedad emocional, el vacío contemporáneo, la
alienación y la brutalidad cotidiana que atraviesa las ciudades y las relaciones humanas.

A eso se suma una narrativa de ritmo ágil, vertiginoso y envolvente, donde los relatos
avanzan con intensidad cinematográfica y una constante sensación de tensión. En su
construcción de personajes marginales, escenarios decadentes y diálogos cargados de
ironía y crudeza, la obra recuerda por momentos a autores como Chuck Palahniuk o Irvine
Welsh, no solo por lo escabroso o excesivo de sus mundos, sino por la potencia con que
utilizan esas transgresiones para retratar sociedades fracturadas, emocionalmente
agotadas y forzar al lector a mirar lo que la mayoría prefiere ignorar.

Este libro tiene mucho que decir. Hay mucha interpelación y diálogo con el lector. Es
decir, hasta qué punto lo que sucede dentro de las páginas es un espejo de lo que ocurre
en nuestras calles a diario. Hacer ese ejercicio siempre es desafiante. Es mucho más
cómodo y fácil apartar la mirada”, señala Ríos.

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Esa intención ha sido destacada por distintos lectores y lectoras, quienes coinciden en
que la ferocidad de los relatos no funciona como provocación vana, sino como estrategia
narrativa usada para reflejar una realidad social cada vez más violenta y deshumanizada.
En varios comentarios sobre el libro se repite una idea: Extrapicante incomoda porque se
siente demasiado cercano.

En paralelo a la violencia explícita, los elementos sórdidos y la perspicaz narrativa, el
autor sostiene que el humor negro cumple un rol fundamental dentro de la obra.

Para mí el uso del humor es fundamental a la hora de escribir. No se trata de suavizar,
sino de construir un contraste continuo, una especie de quiebre entre lo brutal y lo cómico.
Ese humor negro está siempre presente conmigo; si lo dejara afuera, dejaría de ser yo”,
explica.

Lejos de buscar comodidad, Extrapicante y otros relatos perversos apuesta por una
literatura extrema y profundamente urbana, donde el horror no proviene únicamente de
monstruos o situaciones límite, sino de reconocer cuánto de esa oscuridad nos pertenece
o está en la realidad cotidiana.

Sí, es una obra compleja, porque tal vez en Chile no estamos tan acostumbrados a este
tipo de literatura de contracultura. Puede que no sea la más amable, pero es honesta y
creo que esa virtud, es sumamente escasa en el escenario actual”, concluye el escritor.

(**) Profesora de Castellano y Filosofía, licenciada en Educación, egresada de Magíster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de La Serena. Autora de Gárgolas de Sal