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Maivo Suárez: «Mi mayor aspiración es que la obra de alguna forma conmueva y toque al lector»

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Maivo Suaréz, Revista Te Leo
Maivo Suaréz, Revista Te Leo

Compartimos aquí la entrevista que Lilian Flores hizo a la escritora Maivo Suárez para la revista digital TeLeo. Te invitamos, al final de ella, a clickear en la imagen respectiva y acceder a los interesantes contenidos de ese medio. 

 

Estudiaste Trabajo Social y trabajaste en esta área durante varios años. ¿Cómo sientes que esa experiencia permea tu obra literaria?

Ejercí mi oficio por veintiséis años y recuerdo que cuando comencé a escribir quería alejarme un poco de esas vivencias, pero en algún momento tuve que reconciliarme con el hecho de que parte de esas historias se filtraran en mi escritura.  Finalmente, lo que vives te constituye. Sin embargo, a ratos me gustaría salirme del realismo y escribir historias con resoluciones más en clave fantástica. Me encantaría poder contar otras historias ¿de terror? ¿más fragmentadas? ¿con más humor? Creo que parte del proceso de escribir es también eso, transitar hacia distintas escrituras.

Comenzaste a publicar hace relativamente pocos años, con títulos en cuentos (Ambiente Familiar, Lo que no bailamos) y novela (Sara) que han tenido una excelente recepción por parte de la crítica y las/los lectores tanto en Chile como en Argentina. ¿Qué diferencias ves entre comenzar a publicar a una edad más madura respecto de iniciarse en la literatura siendo jóvenes?

No creo mucho en eso de la “edad más madura” porque para mí el acumular años de vida no es por sí solo un signo de madurez. Creo que la diferencia al momento de publicar estriba más bien en el tiempo que llevas escribiendo. Yo pisé un taller literario en 2004, y desde entonces me mantuve leyendo y escribiendo, no todos los días, pero sí con cierta regularidad, participando en talleres, compartiendo lecturas, y publiqué recién en 2016, es decir doce años después.  En mi caso me resultó razonable, publiqué cuando estaba medianamente conforme con mi escritura. Pero a veces veo que, más allá de la edad, hay personas que hacen un primer taller, escriben un primer cuento, y antes de pensar en masticar su propia escritura, ya están pensando en publicar un libro.  Para mí, al menos, el amor está siempre primero con la escritura y con el oficio.

Recuerdo una anécdota que relata Truman Capote en Música para Camaleones, cuenta que comenzó a escribir a los 8 años, y cuando a los veintitantos publicó su primera novela algunos comentaron que era sorprendente que una persona tan joven escribiera así, a lo que Capote se responde que no tenía nada de sorprendente porque a esa altura él se había pasado escribiendo, día tras día, durante catorce años.

Actualmente se vive una especie de ebullición del ambiente editorial chileno, con la aparición de voces nuevas y el surgimiento de muchas editoriales independientes. ¿Crees que los lectores aumentan en la misma medida? ¿Cómo te ves a ti misma como autora en este escenario? ¿Y a tus pares?

La pandemia significó para muchas personas retomar un hábito olvidado, y quisiera creer, y lo anclo en el espacio del deseo, que todo el trabajo de acercar y promover la lectura que hacen muchos mediadores —de quienes estoy muy agradecida—, vaya rindiendo lentamente sus frutos y haya cada vez más lectores.

Sin duda la última versión de la Furia del Libro me dejó esperanzada, aunque cuando eres parte de este mundo —yo me relaciono con gente que lee, que escribe, voy a presentaciones, participo en clubes de lectura, soy usuaria de biblioteca— siempre está el riesgo de tener una visión más sesgada, porque apenas transitas por otros espacios te das cuenta que hay mucha gente que no lee, que no se relaciona con los libros y por más que uno anda  a veces como evangelizando, hay que entender que hay otras preferencias.

Lo que sí tengo claro como lectora es que hay cada vez más libros de nuevos autores y autoras, lo que por un lado se agradece y por otro lado te abruma, porque el concepto de “novedad” lleva a que los libros estén muy poco tiempo como “en vitrina”,  no alcanzas a enterarte de un título cuando ya hay otra “novedad”, y no tengo tan claro que esa lógica funcione a largo plazo para un libro.

El medio en el que nos movemos quienes escribimos es relativamente pequeño, y yo me veo siendo parte de él como una escritora más, que está en proceso de mejorar su escritura y llegar a más lectores, y en la medida que pueda colaborar en instancias más colectivas como Auch+, el colectivo de autoras chilenas feministas.

Complementas tu trabajo escritural con el de realización de talleres literarios. ¿Qué tan importante crees que son los talleres para la formación de las y los autores?

Valoro el espacio del taller como un lugar de encuentro con otras personas que comparten el gusto por leer y escribir, hablar de libros, recomendarse lecturas, criticarse los textos, saber qué se está escribiendo en tu entorno más inmediato. Para mí eso va primero. Ahora, si te aplicas, si escribes y corriges, corriges y escribes, y quien dirige el taller te señala por dónde o cómo mejorar un texto, hay posibilidades de que aprendas a mirar qué hay bajo las palabras y puedas hacer un par de descubrimientos respecto a tu escritura.  Sin duda los talleres suman al proceso de formación, además te mantienen escribiendo, que a veces es lo más difícil: hacerse el hábito y darle prioridad a la escritura, y diría que por sobre todo te regalan la experiencia de “lo colectivo” en un oficio que en gran parte del tiempo es más bien solitario. Así que, larga vida a los talleres, además para muchos escritores es una forma de generarnos ingresos.

Y como creo que los talleres suman, yo sigo tomando talleres. Este verano tomé un taller de novela con Luciano Lamberti, que estuvo muy entretenido. Tengo una naturaleza curiosa, disfruto el aprender, y me encanta ejercer como “alumna”.

Has publicado en Chile y en Argentina, y recientemente también en Estados Unidos. ¿Cómo ha sido esta experiencia?

He participado en un par de club de lecturas de Sara en Argentina, y sentí que las claves de lectura son muy distintas, comparado con algunos lectores chilenos de Sara. En Chile, el tema va por el lado de la baja pensión, del ser vieja y pobre, mientras que las lectoras argentinas, al parecer una sociedad más terapeada que la nuestra, las claves de lectura están más relacionadas con la personalidad de la protagonista, la baja autoestima, el poco conocimiento de sí misma y de su entorno, para la edad que tiene.

Como escritora, mi mayor aspiración es que la obra de alguna forma conmueva y toque al lector, y como tengo claro que una lee con todo lo que es, con todo lo que te constituye, me parece maravilloso que la historia de Sara pueda llegar a diversos lectores y tenga más de una clave de lectura.

Estás a pocas semanas del lanzamiento de A esta misma hora (Kindberg), una ficción con tintes de novela negra que aborda el abuso infantil y los secretos familiares. ¿Qué nos puedes adelantar de esta nueva publicación?

Lo primero que quiero contarte es que me llevó su tiempo escribirla, quizás porque me planteé nuevos desafíos que no fueron nada fáciles de resolver. Quería una historia menos lineal que mi primera novela, que fuera narrada por varias voces, que sucediera fuera de Chile, y que se acercara a la novela negra, es decir que “le llevara cadáver”.

Todo el proceso de planearla y escribirla me llevó como tres años, hasta dar con la versión final que será publicada por la Editorial Kindberg y llegará a librerías en julio. Como dice la contratapa: «A esta misma hora desgrana de a poco una historia repleta de misterios y pone ante nuestros ojos una realidad que, aunque no queramos ver, nos rodea a todos».

Estoy muy ansiosa por saber cómo la recibirán los lectores, para mi suerte ya hay dos clubes de lectura en la agenda, y me encantaría salir de Santiago y presentarla en distintas regiones.

Naciste en Talcahuano, pero pasaste tu niñez y juventud en Argentina. ¿Cómo es vivir desde este lado de la cordillera la situación social y política del vecino país?

Recuerdo hace años haber visto a Milei en programas de televisión como el personaje deschavetado, más bien la caricatura del economista liberal que llevaba a la risa, así por lo menos lo vi yo, por lo que me fue muy difícil asimilar su triunfo en la elección presidencial. Creo que para muchos argentinos también lo fue. Yo no vivo allá —por ahora—, así que solo sé lo que cuentan los medios, los amigos, la familia. Me llega esa incertidumbre, el temor a perder derechos ganados, la codicia de privatizarlo todo, y también me llegan los ecos de ese viejo cuento de la libertad de elegir, que como chilenos que ya lo vivimos —elija el colegio, elija su Isapre, elija su Afp— sabemos que es más un espejismo que no funciona en todos los ámbitos.

Revista Te Leo
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